La imagen como fuente de la investigación social, una reflexión actual

Luis Alberto Jiménez Trejo

Introducción.

Los seres humanos somos entes eminentemente visuales, nuestro cerebro relaciona las imágenes que observamos con conceptos o sucesos concretos, desde los primeros años de la infancia y hasta el último día de nuestra existencia.

Las imágenes, en este sentido, han estado siempre ligadas al desarrollo de la humanidad y a lo largo de la historia han existido diferentes formas de grabar, de conservar, las imágenes que consideramos más importantes a nivel personal, familiar o de la sociedad en su conjunto.

En la época moderna (siglos XIX y XX) las manifestaciones más importantes de la imagen se han dado en la pintura, la fotografía y más recientemente el video.

Sin embargo, a pesar de lo inseparable que es la sociedad contemporánea de las imágenes plasmadas en documentos pictóricos, fotográficos o fílmicos, las investigaciones sociales, por lo general, no utilizan imágenes con fines investigativos, más bien se remiten a la imagen sólo con fines ilustrativos o decorativos.

Entre los documentos visuales, la fotografía tiene varias particularidades dignas de llamar la atención, ya que su realización no se encuentra restringida a especialistas en el tema, como ocurre con la pintura y en menor medida con el video, sino que casi cualquier persona en el mundo puede poseer una cámara fotográfica y obtener con ella imágenes de un sin número de cosas, personas, eventos o circunstancias.

Además, con el uso intensivo de las tecnologías de la información, hoy en día es muy sencillo obtener, difundir e intercambiar fotografías a través de internet y el costo de las impresiones fotográficas es mucho menor que el de una pintura o un video.

Ante la proliferación de fotografías sobre todos los temas y en todos los contextos, surge una primera interrogante, ¿una fotografía, por si misma, es una fuente de investigación social? e inmediatamente después otra pregunta, en caso de que una fotografía o una serie de fotografías tengan información importante para las investigaciones, ¿cómo deben ser utilizadas?, responder a estas interrogantes es de suma importancia, ya que, como veremos más adelante, parte de la no utilización de fotografías con fines investigativos se debe al debate sobre la subjetividad de las ciencias sociales y a la carencia de rigor científico en la utilización de documentos fotográficos; sin embargo, existen sucesos y fenómenos característicos de las sociedades de los siglos XIX y XX que no pueden ser íntegramente explicados sin la utilización de fuentes visuales, lo que refuerza su importancia y la necesidad de su utilización; este planteamiento es el motivo principal del presente ensayo.

Por último, una vez que se tiene clara la importancia de las fotografías en las investigaciones sociales y que se recomiende su utilización como fuentes, debemos generar un mecanismo de sistematización de la información, tal y como se hace con otro tipo de fuentes, catalogando las imágenes temáticamente, manteniendo el contexto y la circunstancia histórica en que se tomaron las fotografías y añadiendo toda la información necesaria para su adecuada utilización científica.

La fotografía, ¿fuente de investigación social?

Las imágenes tienen largo tiempo de convivir con el ser humano. De acuerdo con las diversas formas artesanales, artísticas y técnicas de crearlas, han tenido diferentes significados y funciones según el período, la latitud y diversas culturas que las han producido y han interactuado con ellas (Roca y Aguayo, 2005: 8).

La fotografía es un claro ejemplo de esta interacción entre la sociedad y las imágenes, los seres humanos tenemos la costumbre de fotografiar eventos, personas y circunstancias que consideramos importantes, como las fiestas de cumpleaños, los aniversarios de bodas, los viajes o los monumentos históricos que visitamos.

Sin embargo, todo parece indicar que no hay un equilibrio entre el gran protagonismo de la fotografía en la sociedad y la poca atención que merece su estudio desde la investigación social (Roca y Aguayo, 2005: 9).

Las investigaciones sociales se basan fundamentalmente en fuentes documentales, recurren a libros, revistas, periódicos; y a fuentes orales, como las entrevistas o las historias de vida, buscando, a través de estas fuentes, resolver problemas de investigación que contribuyan al conocimiento de la sociedad y su interacción con la naturaleza.

Pero es necesario tener en consideración que cada día son más los estudios sobre las culturas contemporáneas que manifiestan la necesidad de integrar los documentos visuales y audiovisuales como fuentes primarias de investigación, ya que sin ellos no podemos acceder ni analizar numerosos fenómenos característicos de las sociedades de los siglos XIX y XX (Roca y Aguayo, 2005: 10).

Por muchos años ha existido una reticencia, desde la comunidad intelectual, a considerar como fuente de investigación a las fotografías, esto se debe principalmente a que se les considera documentos subjetivos, anecdóticos y de múltiple interpretación, lo que demerita la objetividad con que todo documento científico debe ser tratado.

La visión que tenemos de la imagen como copia, como resultado de un proceso imitativo o de reproducción lo más exacta posible, proviene del propio origen latino de la palabra imagen, y siglos después parece que todavía nos cuesta mucho trabajo abordarla como algo más, como resultado de una construcción en la que intervienen procesos de percepción, selección, registro, interpretación y resignificación de lo que nos rodea y lo que experimentamos (Roca, 2004).

Esta segunda posibilidad, la de concebir a la fotografía como una construcción social, es muy importante, ya que nos permite revalorar el documento fotográfico y explorar en él su potencialidad como fuente de investigación social.

Si tomamos a la fotografía como artefacto social, como producto resultante de una aplicación tecnológica mediada por el sujeto que registra desde una cultura, desde una praxis social de una época, coincidiremos en que sólo podemos llegar al significado holístico de la fotografía si la consideramos por sí misma como documento/artefacto, interpretamos su contenido y comprendemos la intención del fotógrafo. (Roca, 2004).

En este sentido, el documento fotográfico puede contribuir al análisis histórico, puede dar indicios de personajes, eventos y situaciones que fueron relegados de la historia oficial y, contextualizado correctamente, puede aportar nuevos elementos para la historia económica, social y política del pasado y del presente.

Así como para la historiografía es tan importante conocer quién escribió cualquier documento por analizar (Carr, 1990), aquí es fundamental conocer dos cosas: quién fue el autor de la fotografía y, de ser el caso, tanto el fotógrafo como el que la encarga, a quien podríamos ver bajo la figura de productor (o comitente , para la historia del arte); y los diversos soportes en que se encuentra cualquier pieza o imagen material, así como sus diferentes formas de circulación, y por tanto sus funciones y significaciones; igual de importante es no perder de vista el contexto, porque este tipo de documentos son usualmente descontextualizados (Roca, 2004).

Las potencialidades de la fotografía en la investigación social, en este sentido, son inmensas, la fotografía no es una copia fiel de la realidad, no es una reproducción de algo que existe o ha existido. Es una representación icónica mucho más codificada de lo que habitualmente se admite (Roca, 2004).

Asi, en la búsqueda por contribuir al cambio de concepción, desde las ciencias sociales, del uso de material fotográfico en las investigaciones, el Laboratorio Audiovisual de Investigación Social del Instituto Mora editó en 2002 un documental sobre los usos de lo visual y lo audiovisual en la investigación social, el documental se llama Revelando el rollo, y es una correalización de Fernando Aguayo, Paris García, Carlos Hernández, Felipe Morales Leal y Lourdes Roca, realizado bajo los auspicios del Instituto Mora y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT).

En este documental se plantea la problemática del investigador que, convencido de la necesidad de utilizar fotografías en su investigación, llega a un archivo y se encuentra con documentos fotográficos descontextualizados, mal catalogados, sin información complementaria y en mal estado de conservación, ante lo cual reflexiona si el papel de los archivos es sólo mantener un acervo fotográfico para “ilustrar” investigaciones diversas o si el trabajo archivístico debería impulsar, desde su posición de tenedor de las imágenes, la adecuada catalogación y contextualización de los documentos para su uso verdaderamente científico.

En este sentido, el investigador que valora las imágenes como fuente de investigación social se enfrenta a la problemática de la falta de insumos, debido entre otras causas, a la falta de recursos públicos para el trabajo documental en los archivos, asunto que es necesario considerar como prioritario, si se pretende que las imágenes dejen de ser objetos ornamentales e ilustrativos y se conviertan en verdaderos documentos con potencialidad científica.

Afortunadamente, los archivos públicos no son la única fuente de documentos fotográficos, existen también las colecciones privadas y las fotografías que el mismo investigador puede realizar acorde con los fines específicos de su investigación.

Utilización de series fotográficas para la investigación social.

Ahora bien, es importante hacer notar que las fotografías son más valiosas si las estudiamos cuando están relacionadas por grupos o series, que si pretendemos trabajarlas de forma unitaria. (Roca, 2004).

Dependiendo de los objetivos de la investigación podemos considerar series temáticas, periódicas, por autor, toponímicas u onomásticas.

Una vez localizados los registros que nos permiten analizar nuestro objeto de estudio, no sólo deben ser sujetos a un análisis detallado, a partir de las básicas respuestas al quién, cuándo, dónde y por qué, sino que también debemos analizar quién controló el registro: el sujeto, el que la ve, el fotógrafo o una combinación de todos. Matices como el objetivo comercial por registrarla, los estereotipos, los gustos de la audiencia que tiene en mente el fotógrafo, siempre dentro del contexto de su producción, son importantes a considerar para entender qué fue y qué no fue fotografiado (Roca, 2004).

Es necesario considerar siempre que las fotografías nos aportan imágenes del proceso histórico. En el mejor de los casos, contextualizan este proceso mostrando episodios y detalles de la vida cotidiana y el trabajo –las formas sociales cuya banalidad y omnipresencia dominan tanto que escapan a la vista y a la mención de los cronistas del período (Mraz, 1985).

Según Jonh Mraz, hay que tener en cuenta que una foto es una paradoja: por un lado, es como un trozo de la realidad, es información; por otro, es expresión del fotógrafo que eligió el tema, lo encuadró, escogió la luz y el momento de disparar, es sintaxis. Si nos interesa la información presente en una foto, entonces la usaríamos para construir una historia social, política, tecnológica o aún económica. Si lo que nos importa es la sintaxis en la foto entonces se usará para relatar una historia cultural (John Mraz, 1992: 158-159).

Ambas posibilidades (información y sintaxis) tienen enorme potencial científico, ya que la reconstrucción de la historia, en todas sus vertientes, es muy importante para la compresión de muchos de los fenómenos sociales que vivimos hoy en día.

Además, en cuanto al análisis de las series fotográficas, resulta fundamental la atención y análisis sobre el detalle, aquel que necesita ser mirado y vuelto a mirar a la luz de otros documentos, siempre sin perder de vista el contexto y analizando las relaciones que se dan entre sujeto-objeto y sujeto-sujeto, porque a menudo sólo a través de ellas podemos ver con la mayor exactitud hasta los más mínimos detalles de la vida cotidiana (Roca, 2004).

La posibilidad de analizar los detalles fundamenta el uso de los documentos fotográficos, pero no como elemento ornamental o ilustrativo, sino como fuente en las investigaciones sociales.

Sistematización y catalogación de la información.

Una vez que tenemos claro que las fotografías pueden ser documentos con valor científico y que su utilización es necesaria en las investigaciones sociales contemporáneas, es indispensable generar un mecanismo de sistematización y catalogación adecuado a las necesidades de la investigación (y de futuras investigaciones) en el que se considere toda la información necesaria para el uso adecuado de las imágenes.

Si nos interesan los registros fotográficos por su carácter informativo, social o histórico, sólo con un análisis documental podemos indexarlos, manejarlos cómodamente por medio de sus representaciones, informar sobre ellos sin acudir a ellos e incluso ordenarlos de forma sistemática. Y aquí resulta inevitable referirnos al polimorfismo de la imagen, es decir, a la compleja relación imagen-texto: la fotografía sin texto constituye un documento muy difícil de tratar y a menudo rechazado (Roca, 2004).

Los significados de una fotografía cambian de acuerdo con el contexto donde se la ve (el significado es el uso, diría Wittgenstein, o el medio es el mensaje, diría McLuhan). Es por ello que con gran facilidad la fotografía desprovista de texto es interpretada de forma dispar según quién la vea y dónde la vea, ya que existe y significa cosas diferentes, en tres momentos que es necesario considerar: el de su creación, el de su tratamiento documental, y el de su reutilización (Roca, 2004).

Si el significado de la imagen cambia no sólo en función de quién la mira y cuándo la mira, sino también según lo que uno ve a su lado o inmediatamente después, podemos ver la importancia de analizarla tomando en cuenta el espacio en que se inserta o por el que circula y junto a qué, factor muy a menudo difícil de seguir con un documento como la imagen, pero no por ello menos digno de atención (Roca, 2004).

La única forma de utilizar adecuadamente un documento fotográfico es documentándolo, conociendo el contexto en que fue creado, el material que fue utilizado para su soporte, el tipo de encuadre, quienes o qué fueron fotografiados y cuál fue la motivación del fotógrafo al realizar la fotografía.

Al documentarla tenemos dos posibilidades no excluyentes: buscar en la fotografía lo que el autor quería expresar y/o buscar lo que ésta dice, independientemente de las intenciones del autor; y en este caso será importante, o bien buscar en la fotografía lo que dice con referencia a su misma coherencia contextual y a la situación de los sistemas de significación a los que remite, o bien buscar en ella lo que el lector encuentra con referencia a sus propios sistemas de significación y/o con referencia a sus deseos, pulsiones o arbitrios. La primera opción, que persigue cierta objetividad parece la más apropiada para el documentalista, la segunda opción, ciertamente subjetiva, se puede aplicar al ilustrador que escoge imágenes para crear nuevos documentos (Roca, 2004).

De acuerdo con Del Valle, una metodología de análisis documental debe contemplar el análisis morfológico y el de contenido (1999:124). El primero implica estudiar características técnicas, formales y de composición de la imagen, como el soporte, formato, tipo de imagen, óptica, tiempo de pose, luz, calidad técnica, enfoque del tema y estructura formal. El segundo, según la finalidad del acervo, implica analizar el documento visual y todo lo que lo acompañe, identificando lo mejor posible todos los elementos fotografiados: personas, lugares, objetos, acciones/situaciones, contexto (aunque no esté en la fotografía), connotaciones más claras; con evaluación de la pertinencia de conceptos candidatos a entrar en la ficha de descripción, con traducción al lenguaje documental utilizado en forma de descriptores (separando los referenciales de los no referenciales) y con redacción de un resumen textual de la fotografía, que básicamente describe el quién/es, cuándo, dónde y por qué (Roca, 2004).

Esta metodología, que es perfectible, nos da una primera guía a seguir para el uso adecuado de las fotografías en la investigación social y el rescate de toda la información que hay detrás de ellas, facilitando el trabajo del investigador conciente de la necesidad de incluir documentos visuales en sus investigaciones.

Por último, el ilustracionismo, entendido como el uso de las imágenes reducido al de simples ilustraciones de textos a menudo ni siquiera relacionados con ellas, es preocupante, abogamos por su incorporación como fuentes y su tratamiento documental, en la convicción de que desde la investigación podemos hacer mucho por cambiar esta generalizada situación que promueven tanto los medios editoriales como los audiovisuales mismos (Roca, 2004).

Conclusión.

Una fotografía, por si misma, vista como una simple copia o reproducción de la realidad no es un documento que podamos considerar como fuente de investigación científica, sin embargo, si la consideramos como una construcción en la que intervienen procesos de percepción, selección, registro, interpretación y análisis de diversos fenómenos o sucesos, su potencialidad como documento científico para investigaciones sociales es notable.

Si las imágenes son fundamentales para acceder a las visiones del mundo propias de una época, es prioritario ubicarlas en una serie de contextos que van relacionados con el que la encarga, el que la produce, dónde, cuándo y para qué. Estudiarlas en la medida de lo posible como parte de series y analizar siempre con sumo cuidado los detalles, así como no perder de vista sus diferentes significados según el momento (Roca, 2004).

Además, la consideración documental de la fotografía debe tener en cuenta que ésta difícilmente puede desgajarse de un contexto específicamente documental (lugar de aparición, pie de foto, material textual o visual complementario, etc.) por lo que habrá que estudiar las relaciones entre el documento y el contexto. Esta relación y otros aspectos inherentes a la fotografía hacen de esta un documento de carácter polisémico, sujeto a muchas interpretaciones, a veces, tantas como lectores, por lo que su lectura e interpretación correctas en un entorno documental plantean muchas dificultades (Del Valle, 2001).

Así, una fotografía sin texto adjunto es, con muchas probabilidades, un documento muy difícil de tratar de tal manera que en ocasiones llegará a ser un documento rechazado. La fotografía presenta el aspecto de personas, objetos, lugares o situaciones de una manera más clara, unívoca, rápida y exacta que una información verbal descriptiva sobre lo mismo. Sin embargo, la información global ofrecida por una fotografía será incompleta si el que la contempla no es capaz de reconocer a las personas que aparecen en la foto o saber realmente qué es lo que refleja la foto (Del Valle, 2001).

Finalmente, la reflexión va en el sentido de que es necesario dejar de ver a las imágenes con un criterio utilitarista, descontextualizadas, para ilustrar o animar un texto, y revalorarlas como posibles fuentes de información valiosa para las investigaciones sociales.

BIBLIOGRAFÍA.

Roca, Lourdes y Fernando Aguayo, Imágenes e Investigación Social, Estudio introductorio, Instituto Mora, México, 2005.

Mraz, John, De la fotografía Histórica. Particularidad y nostalgia, Revista NEXOS, No. 91, Julio, 1985.

Mraz, John, Más allá de la decoración: hacia una historia gráfica de las mujeres en México, Política y Cultura, No. 1, Otoño, 1992.

Del Valle Gastaminza, Félix (ed.), Manual de documentación fotográfica. Síntesis. Madrid 1999.

Documentos web.

Roca, Lourdes, 2004. La imagen como fuente: una construcción de la investigación social.

http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n37/lroca.html

Del Valle, Félix, 2001. El análisis documental de la fotografía.

http://www.ucm.es/info/multidoc/prof/fvalle/Anfot2000.htm

Documentales.

Aguayo, Fernando, Paris García, Carlos Hernández, Felipe Morales Leal y Lourdes Roca. Revelando el rollo. Los usos de lo visual en la investigación social. Instituto Mora/CONACYT. México 2002. 47 minutos.

Luis Alberto Jiménez Trejo


Licenciado en Economía (2002) por la Universidad Veracruzana, Diplomado en Contraloría Social (2006) por el Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), Maestro en Estudios Regionales (2007) por el Instituto de Investigaciones Dr. José Ma. Luis Mora.
E-mail: luisjimenez23@hotmail.com

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